Los okimono alcanzaron su momento de mayor esplendor durante el período Meiji (1868-1912), cuando la apertura de Japón al comercio internacional despertó en Occidente un interés creciente por su arte y su cultura. El reinado del emperador Meiji fue una época de transformación profunda: ante la amenaza de colonización occidental, Japón se reconvirtió aceleradamente de un sistema feudal aislacionista en un imperio industrializado y moderno. A través de su Política de Promoción Industrial, el nuevo gobierno alentó la manufactura de objetos artesanales tradicionales para la exportación y el consumo interno, en respuesta a la enorme demanda generada en Occidente por el movimiento Japonista, lo que representó un alivio para los numerosos artesanos que habían perdido su medio de vida con el fin del Shogunato. La exportación de okimono formó parte de la estrategia Meiji para forjar lazos comerciales con Occidente, exhibir la calidad del artesanado japonés y consolidar la posición de Japón en el escenario global; los coleccionistas occidentales preferían las figuras en marfil —por su condición de material de lujo— y demandaban representaciones de personajes japoneses con vestimenta tradicional realizando oficios y actividades cotidianas, tras la apertura del país al comercio.
Típicamente de pequeña escala pero de fuerte presencia, estos objetos retratan animales, figuras humanas, seres mitológicos o escenas de la vida cotidiana tallados con extraordinario detalle en materiales como el marfil, el boj o el bronce. A diferencia de los netsuke, que exigen fortaleza estructural y compacidad, los okimono permiten detalles más delicados y composiciones abiertas, incorporando en ocasiones incrustaciones, elementos calados o múltiples materiales en una misma pieza. El trabajo calado —conocido en japonés como sukashibori— constituye una de las manifestaciones técnicas más exigentes de la talla en marfil: el sukashibori es la denominación japonesa para el trabajo calado o de filigrana, una técnica aplicada en metalistería y otros soportes en la que el diseño en primer plano se conserva íntegro mientras las zonas de fondo son recortadas y eliminadas. Aplicada al marfil, esta técnica exige una destreza excepcional, pues el material no admite correcciones. Durante el período Meiji, la talla en marfil alcanzó un nivel extraordinario de detalle técnico y realismo, con artesanos que empleaban técnicas de teñido, grabado y pulido por capas para imitar texturas naturales, logrando que las telas, los objetos y los rostros pareciesen casi vivos. La representación del vendedor ambulante —con sus cestas— se inscribe en la preferencia de la época por los motivos de la vida cotidiana y los oficios populares, una iconografía que celebraba la identidad cultural japonesa con veracidad documental y sensibilidad artística.
Los okimono de todo tipo, estilo y temática están en general firmados con fiabilidad; sin embargo, de la gran mayoría de sus autores no existe información ni mención histórica alguna, y de esta multitud solo sabemos que tallaron al estilo propio del período Meiji. Tanto los netsuke como los okimono pueden llevar la firma —mei— del artista; los okimono del período Meiji, en especial aquellos destinados a la exportación, tienen mayor probabilidad de estar firmados. En la tradición japonesa, el sello o hanko cumplía una función de autoría y autenticación: los sellos conocidos como hanko se estampaban con una pasta cinabrio de color rojo intenso, y la presencia conjunta de una firma y un sello en una pieza refuerza notablemente su valor de mercado y consolida su autenticidad. En numerosos okimono de marfil del período Meiji, la firma del artista aparece en la base bajo la forma de un sello en cartucho rojo , convención que permitía al tallista reivindicar la autoría de su obra de manera visual y codificada, a la vez que dotaba a la pieza de un elemento de trazabilidad formal dentro de un mercado que valoraba la maestría individual. La era Meiji es considerada hoy la edad de oro del okimono, y muchas de las piezas más destacadas que han sobrevivido de ese período continúan siendo muy apreciadas por coleccionistas de todo el mundo.
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